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Por: Dr. Jorge L.
González Santos, Tesorero de la SPC
Cuando nuestro corazón presenta una anormalidad fundamental en su
efectivo funcionamiento mecánico produciendo incapacidad de bombear
la sangre adecuadamente para suplir las necesidades de nuestro
cuerpo, decimos que sufrimos de fallo cardiaco. Esta condición puede
ser secundaria a múltiples enfermedades o condiciones y tratamientos
a los cuales hayan estado expuestos los pacientes que la padecen. La
causa mas común en Occidente es la enfermedad ateroscerótica de las
arterias coronarias. Puede también ser causada por enfermedades de
las válvulas del corazón, enfermedades de la glándula tiroides,
enfermedades del hígado, y hasta el embarazo puede producir fallo
cardíaco en algunos pacientes.
La anormalidad esencial en fallo cardiaco es una disminución en la
capacidad del corazón para contraerse adecuadamente en cada latido,
de esta forma comprometiendo la adecuada circulación de la sangre.
También existe la condición de fallo cardiaco inducido por
impedimento del llenado adecuado del corazón sin comprometer el
bombeo de la sangre, pero induciendo congestión pulmonar y síntomas
de asfixia igual que en el fallo cardiaco por contracción
ineficiente.
Los síntomas más comunes son: aceleración del pulso, fatiga excesiva
al hacer ejercicio (aun durante el ejercicio leve) e intolerancia al
frío. Los pacientes se quejan de que despiertan repentinamente
asfixiados en las noches y con tos al asumir la posición plana en su
cama. En algunos casos presentan un cuadro que se confunde con el de
asma bronquial. Inicialmente estos síntomas se presentan al
ejercitarse pero a medida que el corazón se sigue deteriorando se
presenta en reposo. A medida que avanza la condición, el paciente
también puede quejarse de sensación de llenura en su cuello, abdomen
e hinchazón de los tobillos y las piernas.
Una complicación de fallo cardiaco, la cual es una emergencia médica
es el edema agudo del pulmón. En esta situación, líquido invade los
espacios de aire en los alvéolos, disminuyendo la oxigenación y
causando retención de dióxido de carbono. Esta condición puede
resultar ser mortal si no es atendida rápida y adecuadamente.
La investigación científica en las últimas dos décadas ha sido
intensa sobre la condición de fallo cardiaco. Se ha adelantado mucho
en el entendimiento de esta condición y es por eso que actualmente
contamos con una gama amplia de medicamentos para mejorar los
síntomas de nuestros pacientes y también decelerar la progresión de
la enfermedad. Además, se ha adelantado mucho en el uso de marcapasos
para fallo cardiaco así como las operaciones de puentes
aorto-coronarios, reparación o reemplazo de válvulas cardiacas y el
transplante de corazón.
Aun con todo lo antes mencionado, la mortalidad asociada a fallo
cardiaco es de 45-50% a los 5 años de ser diagnosticada la condición.
Es por eso que el mensaje más importante que debemos llevar a la
comunidad es que no hay mejor intervención que la prevención
primaria. Esto significa que debemos identificar los factores de
riesgo que tengamos para desarrollar fallo cardiaco y ser agresivos
controlando los que sean modificables (alta presión, diabetes,
enfermedad tiroidea, consumo excesivo de bebidas alcohólicas,
obesidad, vida sedentaria, fumar, etc.), para así no ser parte de
este grupo de pacientes que aun al día de hoy tienen un pronostico
pobre en términos de calidad de vida y longevidad. El cardiólogo es
un profesional de la salud con los conocimientos necesarios para
ayudar al paciente en riesgo de desarrollar fallo cardiaco para
lograr evitar el desarrollo de esta condición. |